No quiere jugar

El cordobés se negó a votar a sus compañeros y quedó entre los nominados de la semana, en una jugada que amenazó varias veces realizar y que al final concretó. Ahora a Juan sólo lo puede salvar la elección del público. Pero si no cambia de actitud puede despedirse rápido del juego.

Que Juan es un personaje muy particular nadie lo pone en duda. Pero su conducta en el juego se hace a veces incomprensible y ya ha hecho historia dentro del programa.

Nunca antes un participante se había negado nominar a sus compañeros, situación que desde el inicio amenazó realizar pero que finalmente definió este jueves pasado.

“Uy, otra vez! por Dios.. ” se le escuchó decir ni bien se sentó en el confesionario.

Se ve que psicológicamente al cordobés la nominación le pesa por demás y su error es asignar al voto una carga de responsabilidad más excesiva de lo que la realidad del juego indica.

Su carácter bonachón y sus firmes valores chocan en parte con su personalidad bastante retraída y poco sociable lo que lo aisla en parte del resto de los participantes.

Sin embargo jamás integró una facción reconocida, ni en los tiempos de Vanina, ni de Damián. Siempre mantuvo el respeto de todos y tampoco se involucró ni en peleas ni en amores, al menos hasta ahora. Por eso navega casi en soledad con un bajo perfil que le surge de modo natural.

A pesar de ello, ha recibido muy pocos votos de sus compañeros, sabedores quizá del posible apoyo que la gente le puede dar al chico desde afuera de la casa.

Si bien esta vez la candidata a salir sea Silvina, por su poca integración y los habituales conflictos que tuvo tanto Pablo como con el resto de chicos, habrá que ver hasta donde llega la paciencia de la gente para con el cordobés, si continua con su prédica de “no violencia” a la hora de nominar.