Tiempo de confidencias

La charla entre Natalia y Viviana, cuando caía el sol, se iba poniendo cada vez más íntima. “Quiero que te confieses”, le dijo la juninense a Viviana, en un tono amigable. Y allí empezaron las evasivas de la morocha. “Mi vida muy compleja”, le dijo. “Tengo miedo de que lo que diga aquí afecte a mi hijo”. La juninense prosiguió: “Podés confiar en mí”. Y Vivi continuó con su postura. “Soy una trabajadora, una buscavidas. Presto un servicio”, fue su respuesta. “Ya te voy a ir contando, de a poco”, culminó Viviana.