Javier Aureano / Biografía

Nacido Javier Esteban Aureano, “Javi” va a tener el honor de ser el representante del campo entre los chicos de Gran Hermano. Aunque vive y trabaja en Capital, su familia y toda su historia está en Urdampilleta, provincia de Buenos Aires. Ahí hizo la escuela, desde el jardín de infantes hasta la secundaria, y de ese rincón tranquilo proviene la mayor parte de sus amigos.

La normalidad no es para Javier motivo de vergüenza. “Mi niñez fue normal, criado por una familia normal, y entre muchos amigos en las mismas condiciones que las mías”, asegura. Su vida estuvo marcada por su pueblo natal y por sus viajes a Buenos Aires. Su primera novia llegó cuando él estaba en primer año de la secundaria. A partir de ahí, comenzó con sus salidas adolescentes, a boliches de Urdampilleta primero, y después a los de los pueblos vecinos. Su primer intento de vivir en Buenos Aires comenzó apenas terminó la secundaria. La exigencia de sus estudios, más la necesidad de trabajar para mantenerse, hicieron que la experiencia durara poco más de dos años. Fue entonces cuando volvió a Urdampilleta para comenzar a trabajar en una veterinaria. “Fueron dos años bárbaros, hasta que decidí volverme a Buenos Aires, porque tenía ganas de retomar el estudio, y también porque en ese momento mi novia estaba estudiando acá”.

Si hay algo que le encanta a Javier son las motos. Su ídolo es el australiano y cinco veces campeón mundial de motociclismo Mick Doohan, su deporte favorito es el motociclismo y siempre elige revistas sobre motos como material de lectura.

A la hora de hablar de los motivos por los que se inscribió para participar del programa, explica: “Soy oriundo de un pueblo de 2.000 habitantes, y este tipo de desafíos nunca estuvo a mi alcance”. Hasta que llegó la posibilidad de ingresar en Gran Hermano, Javier se encontraba trabajando en un banco, y estudiando Administración de empresas en la Universidad de Buenos Aires. Ahora, todas sus ganas están puestas en esta nueva experiencia. “Me gusta la idea de compartir una casa con gente que nunca vi”, admite. En la convivencia estará entonces la clave para que el resto del grupo lo acepte.